Recuerdo aquella época en que si tenía unas monedas de más en el bolsillo era similar a comer más o menos golosinas.
Recuerdo lo complejo que era encontrar a alguien que al pedirle una golosina no contestase… “es
que solo me queda una”.
Recuerdo ser el chico más feliz del mundo cuando alguien me ofrecía un simple trozo de golosina.
Recuerdo que cuando los demás me pedían un trozo de regaliz o helado, ponerles el dedo y decirles “hasta aquí”.
Recuerdo que mi mayor preocupación era conseguir esa pegatina de los chicles para completar el álbum antes que mis amigos…